Jefes capullos siempre ha habido y es algo que nunca cambiara, y yo he currado con la mayoría o para la mayoría, ya que para toparme con los más arrogantes, creídos y usureros tengo un don o una maldición según se mire, es jodido, ya que nunca he llegado a apreciar a ninguno ni como persona y menos como ser humano.
Este rencor que guardo en mis adentros es por esa gentuza que se cree superior a ti solo por que te pagan y estas bajo su mandato, un esbirro, un sirviente, soy para ellos un numero que se puede reemplazar.
En este caso se lleva la palma, tengo tres superiores, son tres asociados, a cada cual mas gilipollas y maniáticos, uno "jefe de cocina", otro "jefe de camareros" y el que queda el más triste es que se encarga de la numerologia, nominas, ingresos, compras...
Un contable que es infeliz en su vida y desaprovecha los momentos de estar con su familia tocando les los huevos a sus empleado que bastante tienen con darlo todo y esbozar una sonrisa para el cliente.
Cuarenta grados, terraza abarrotada, dos camareros cubriendo el puesto de cuatro, entra jefe nº1 al local y me suelta "Mueve esos pintxos para un lado y baja la música que esta muy alta", oído cocina, dicho y hecho, soy un mandado, una herramienta en sus manos, el mueve la batuta y nosotros obedecemos, me pagan por actuar no por pensar, satisfago sus deseos.
Salgo fuera, entro con una comanda nueva, sudando, des hidratado, entra detrás de mi jefe nº2 y me exige con tono condescendiente "Sube esos pintxos arriba y sube la música que esto parece un velatorio", ni chisto,solo flipo, juro en hebreo para mi y acato sus ordenes, preparo mi comanda y salgo fuera.
Vuelvo a entrar esta vez con el doble de pedidos, a mi lado jefe nº3, me mira y me pregunta "¿Que tal la la tarde?", antes de que yo articule palabra me suelta otra frase "Que hacen tantos pintxos en la barra y que quite la musica y ponga la tele que ambienta mas", ya no me aguanto y contesto: "Podrías llegar a un acuerdo entre los tres y no venir a la hora de mas trabajo a tocarnos los huevos, no puedo estar en la terraza, en la barra, ejerciendo de discjockey, maitre, reponedor y gilipollas todo a la misma vez", me miraron sorprendidos, murmuraron algo entre si y se marcharon, seguramente esto huela a amonestación o charleta con los tres por contestar y alzar mi voy.
Pues no, al día siguiente trajeron a un camarero, un chaval, que nos venia a ayudar, con la vajilla, con la música, joder, parece que hasta que uno no se queja no empieza a ver resultados, claro, todo esto gracias a que entre dos hicimos de caja lo que en tres dias seis personas, les merecía mas la pena mantenernos contentos que exprimirnos, para eso si se ponían de acuerdo, no decir nada ni putearnos era sinónimo de un buen arqueo de caja, gilipollas de mi les hice ricos mientras yo seguía igual de miserable y con estress.

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