Ya entrada la rutina, semana de tarde, semana de mañana, esas eran las buenas, tenias la tarde libre, lo peor el madrugon, entrabamos a las seis con el canto del gallo, ni las calles están hechas ni el ruido de una mosca se oye, la gente dormita, la ciudad entera esta en calma.Reina la oscuridad (sobre todo en invierno),subete a la moto y recorre los diez kilómetros mas heladores y tranquilos del día, todo la carretera para uno solo.
Con la brisa matutina dandome en la cara, ya que levantaba la visera del casco para no empañarlo con mi aliento, llegaba al trabajo despierto con los ojos llorosos, prepara el material de combate, espera a que llegue le pastelero y quitamos los cerrojos de las puertas de cristal de ambos laterales y sean los clientes bienvenidos.
Con la llegada del primer tren reptaban hasta la barra los currelas que iban a coger el transbordo con el autobús de linea, necesitaban su dosis, ya llevan despiertos mas de una hora y su hígado les clama la medicina.
Pulsos temblorosos y narices amoratadas, eso era lo primero que yo veia por las mañanas,mi primer contacto humano y de esta índole, ginebras, sol y sombras (mezcla típica de la gente que iba a currar a las fabricas, era como su chute diario de fuerza, anís y brandy, lo mejor para que rebote en tu paladar), chupitos de whiskey, vinos blancos...
¿Esto no se supone que es una cafetería?, y la primera media hora pongo mas tragos que un fin de semana por la noche, mundo peculiar este,gente de la vieja escuela dura como una roca.
Los oficinistas ansiosos por su chute diario de cafeína, con sus legañas y su espíritu langido,odiando cada día laboral de la semana, el kisokero con su zumo de naranja colado,sus tostadas con doble de mantequilla, peculiares personajes cotidianos que hora a hora completan tu día con situaciones diferentes.
Unos te hablan más allá de lo que te han pedido, algunos te sonríen, otros te ignoran y solo eres para ellos el que les sirve el café, no quieren mas contigo y tampoco lo intentes porque se indignan, por favor, rebajarse a nuestro nivel, que seria lo próximo preocuparnos por el mal ajeno, donar dinero a una ONG...
Vas conociendo las personalidades diferentes de la gente, el amable, el borde, el siniestro, el callado, el fantasma...
Estos momentos me han ayudado a poder saber diferenciar entre seres humanos, misma especie diferentes formas de ser, como tratar a cada cliente por su manera de pedir, algunos con un toque de humor, otros de usted y sin mirarles a la cara y al resto con indiferencia y saber estar, no piden mas de ti y que quiere algo mas te lo transmite, eso como en la calle, tío chungo mal rollo, tío majo te da pie a conversión.
Así son los días de divertidos analizando a la raza humana,solo se una cosa, cuanto más tiempo paso en en una barra más quiero a mi perro.

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